El pensamiento de las máquinas: por qué Descartes seguía convencido de que no podían razonar

Adrien

enero 5, 2026

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Desde siempre, la idea de que las máquinas pudieran pretender al pensamiento fascina y trastorna. Si hoy, en 2026, la inteligencia artificial moldea nuestra vida cotidiana con algoritmos capaces de aprender, predecir y conversar, un famoso filósofo del siglo XVII, René Descartes, permanecía categórico: las máquinas no pueden pensar. Esta convicción tiene sus raíces en una reflexión profunda sobre la naturaleza misma del pensamiento y de la conciencia. Bajo su pluma, la distinción entre autómatas y seres humanos se apoyaba en un dualismo esencial, una división entre el cuerpo mecánico y el alma pensante. Al amanecer de la revolución digital y cuando la tecnología tiende a difuminar las fronteras entre lo humano y la máquina, es crucial revisar esta posición histórica. ¿Por qué Descartes, a pesar del increíble avance tecnológico de su tiempo, se mantenía tan escéptico sobre la capacidad de las máquinas para poseer una verdadera conciencia y razonamiento? ¿Cómo sus ideas siguen siendo pertinentes para pensar nuestras interacciones con las inteligencias artificiales modernas? 

Más que una simple teoría obsoleta, el pensamiento cartesiano invita a una reflexión crítica sobre los mecanismos subyacentes de nuestras herramientas digitales y sobre la naturaleza misma de la inteligencia. Mientras la inteligencia artificial progresa en diversos campos, desde el reconocimiento de voz hasta la creación artística, pasando por decisiones médicas, la cuestión permanece: ¿realmente estas máquinas razonan? ¿O sólo son autómatas sofisticados, aplicando reglas sin conciencia ni experiencia íntima? Esta interrogante fundamental impone un diálogo entre la filosofía clásica y la tecnología contemporánea, un intercambio que ilumina tanto nuestro pasado intelectual como nuestro futuro digital.

Los fundamentos filosóficos del pensamiento según Descartes: comprender el dualismo y la noción de conciencia

René Descartes, padre de la filosofía moderna, influyó profundamente en nuestra comprensión del pensamiento humano y la conciencia. Su teoría del dualismo, que distingue la «res cogitans» (la sustancia pensante) de la «res extensa» (la sustancia extendida, material), sitúa al pensamiento como elemento fundamental e irreductible de la existencia. Este eje que separa el espíritu y el cuerpo constituye la base de su escepticismo respecto a las máquinas.

Según Descartes, la conciencia, caracterizada por la capacidad de reflexionar, dudar, razonar y autoanalizarse, es lo que define verdaderamente a un espíritu pensante. Una máquina, por muy compleja que sea, no sería más que un objeto material, un «autómata» que sigue leyes mecánicas sin ninguna verdadera comprensión ni experiencia interna. Esta idea se explicita en su famoso «Pienso, luego existo», que afirma que el pensamiento consciente es la prueba irrefutable de la existencia del yo.

Descartes concebía el cuerpo humano como una máquina compleja, comparable a un reloj, un autómata mecánico dotado de engranajes y leyes físicas. La diferencia clave reside en el alma, esa entidad inmaterial, que confiere al hombre su libertad interior y su capacidad para reflexionar de manera libre y creativa. Este dualismo abriría una ruptura radical entre una mecánica pura, que funciona según reglas fijas, y el pensamiento humano, dinámico y autónomo.

La conciencia como fundamento inseparable del pensamiento

En el centro del razonamiento cartesiano se encuentra la conciencia reflexiva. Este fenómeno subjetivo no es simplemente una reacción a los estímulos externos sino una experiencia vivida, una toma de conciencia continua de uno mismo como sujeto pensante. Esta conciencia califica al ser humano y lo sitúa fuera del alcance de los mecanismos puramente automáticos.

Esta forma de reflexión interior, algunos la llaman hoy «metacognición», permite al hombre modificar sus propios procesos de pensamiento, ajustar sus razonamientos frente a situaciones inéditas. En esta perspectiva, el pensamiento es una actividad autorreflexiva, en perpetua construcción, mientras las máquinas aplican mecánicamente reglas sin nunca «entender» ni «sentir» lo que hacen.

En resumen, para Descartes, el pensamiento auténtico no puede existir sin conciencia. Este vínculo inseparable excluye de entrada la posibilidad de que una máquina acceda al verdadero razonamiento, ya que no posee ni conciencia ni alma.

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Por qué Descartes excluía la reflexión de las máquinas: la rigidez de los autómatas frente a lo imprevisto

En el corazón de la negativa cartesiana al pensamiento en la máquina se encuentra una concepción precisa de lo que es la reflexión. Para que un ser sea verdaderamente pensante, debe manifestar capacidad para reaccionar de forma adecuada a situaciones imprevistas. La flexibilidad y creatividad del razonamiento humano se elaboran mediante la experiencia vivida, la intuición y una reflexión interior en evolución constante.

Según Descartes, aunque los autómatas puedan imitar ciertos comportamientos humanos, siempre funcionan de manera predeterminada. Cada reacción está ligada a la configuración de sus órganos, diseñada por un artesano e incapaz de innovación o verdadera adaptación. En eso, una máquina actúa mecánicamente, obedeciendo estrictamente a su programa interno, sin poder mostrar iniciativa o inteligencia propia.

En su «Discurso del método», Descartes explica que la razón humana es un instrumento universal capaz de pasar de un dominio a otro, hacer elecciones y ajustarse según las circunstancias. Este carácter universal y adaptativo es precisamente lo que diferencia claramente al hombre de las máquinas, sea cual sea su nivel de complejidad.

Ejemplos concretos de límites de las máquinas frente a lo inesperado

Imagina un coche autónomo detectando un obstáculo repentino no registrado en sus bases de datos. Si el sistema está programado para reaccionar ante ciertos escenarios, puede ser incapaz de adoptar una estrategia inédita para asegurar la situación. Por el contrario, un conductor humano, por intuición y razonamiento, puede elegir una acción adecuada en un instante. Esta capacidad de adaptación rápida ilustra la diferencia fundamental que Descartes identifica entre reflexión y simple ejecución mecánica.

Igualmente, las inteligencias artificiales actuales, por muy sofisticadas que sean, funcionan mayormente con base en algoritmos optimizados para tratar enormes cantidades de datos. Sobresalen en el reconocimiento de patrones y la predicción. Sin embargo, su enfoque sigue siendo algorítmico, sin verdadera inventiva consciente, ni interpretación moral.

A pesar de los avances tecnológicos, esta rigidez limita sus interacciones en entornos abiertos y dinámicos, donde el pensamiento humano despliega toda su riqueza.

El renacer del debate con la inteligencia artificial: Descartes frente a las ideas de Alan Turing

El siglo XX vio renacer bajo una forma nueva la cuestión del pensamiento de las máquinas, impulsada por el surgimiento de la inteligencia artificial. Pioneros como Alan Turing, Marvin Minsky y John McCarthy fundaron una disciplina que buscaba crear comportamientos inteligentes artificiales. La famosa prueba de Turing, elaborada por Alan Turing en los años 1950, renovó profundamente el debate.

Esta prueba propone un criterio simple: si una máquina es capaz de mantener una conversación sin que su interlocutor humano pueda distinguir si se trata de un humano o de una máquina, puede considerarse inteligente. Esta visión traduce un enfoque pragmático, centrado en la apariencia conductual más que en la conciencia real.

Para Descartes, este enfoque sería insuficiente. Insistía en la conciencia íntima, la capacidad de introspección que funda el pensamiento auténtico. Hablar como un humano no garantiza el pensamiento consciente. La prueba de Turing evalúa la superficie, pero ignora la profundidad interior.

Impacto de la prueba de Turing en la filosofía del pensamiento

La prueba permitió abrir una nueva perspectiva, desplazando la discusión del ámbito especulativo al ámbito operacional y empírico. Incentivó la investigación sobre autómatas capaces de imitar funciones cognitivas humanas, impulsando el auge de la inteligencia artificial.

Pero también dividió a filósofos e informáticos. Por un lado, los optimistas que piensan que la inteligencia puede emerger de sistemas complejos. Por otro, los escépticos anclados en una tradición cartesiana que recuerdan que pensar implica conciencia y subjetividad, aspectos aún fuera del alcance de las máquinas.

Máquinas y conciencia: por qué el pensamiento artificial sigue siendo una pantalla de humo

La conciencia, concepto en el corazón del razonamiento cartesiano, sigue siendo hoy la frontera difícil de cruzar para la inteligencia artificial. En 2026, a pesar de avances espectaculares, ninguna máquina ha reivindicado o demostrado una forma de conciencia personal comparable a la del humano.

La conciencia incluye no solo el conocimiento del mundo exterior, sino sobre todo el conocimiento de uno mismo, esa capacidad de percibirse como un ser distinto con sentimientos, deseos y preocupaciones. Es esta dimensión subjetiva que los programas actuales, por muy potentes que sean, no poseen.

Los programas de IA, como ChatGPT o Deep Seek, generan lenguaje coherente y simulan diálogos ricos. Pero sus respuestas se componen a partir de datos preexistentes y probabilidades, sin que ninguna experiencia o emoción real sea sentida.

Análisis de incidentes recientes sobre la conciencia mecánica

Un ejemplo destacado ocurrió en 2022 cuando el ingeniero Blake Lemoine, de Google, informó de un sistema, LaMDA, que según él manifestaba signos de conciencia. El sistema evocaba emociones complejas como la soledad, la tristeza y la búsqueda de paz interior.

Un análisis profundo mostró que estas declaraciones eran creaciones lingüísticas derivadas de conjuntos de datos en los que el modelo se había entrenado. Al no disponer ni de experiencia ni conciencia, LaMDA reproducía patrones humanos sin experimentar la menor sensación. Esta situación reavivó el debate: ¿se puede confundir la simulación de un comportamiento consciente con la conciencia misma?

Este error subraya que las respuestas emocionales de las IA siguen siendo efectos superficiales, a menudo interpretados como «pensamiento» por proyección humana.

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Las razones por las cuales los autómatas nunca desarrollan un verdadero razonamiento

El razonamiento auténtico se basa en procesos internos complejos, que implican la memoria, la intuición, la creatividad y la evaluación moral. Para Descartes, esta capacidad supera la estricta aplicación de algoritmos. Los autómatas están programados para repetir combinaciones preestablecidas y no pueden generar ideas nuevas u originales ni juicios éticos.

El razonamiento humano también supone una libertad interior, que las máquinas no tienen. En este sentido, el determinismo mecanicista constriñe sus acciones a un marco rígido, limitando toda forma de innovación real o expresión personal.

Por ejemplo, en un contexto legal, un juez humano puede interpretar la ley según circunstancias inéditas, mientras un sistema de IA aplicará estrictamente reglas preprogramadas sin discernimiento moral, ilustrando la diferencia radical en la naturaleza del razonamiento.

Lista de características del razonamiento humano vs autómatas

  • Creatividad: El humano innova, imagina y adapta. La máquina repite.
  • Conciencia de sí mismo: El humano se percibe y se cuestiona. La máquina ejecuta.
  • Juicio moral: El humano evalúa éticamente. La máquina se limita a las reglas.
  • Flexibilidad: El humano cambia de estrategia ante lo inesperado. La máquina sigue un programa.
  • Experiencia vivida: El humano interpreta por experiencia subjetiva. La máquina procesa datos objetivos.

El impacto de los trabajos de Descartes en la filosofía contemporánea y la inteligencia artificial

La contribución de Descartes va más allá de la filosofía para tocar hoy la investigación científica y tecnológica. Su análisis del cuerpo como máquina y del espíritu como entidad distinta ha fundado una reflexión crítica sobre lo que verdaderamente es el pensamiento.

En los laboratorios de inteligencia artificial, sus ideas continúan influyendo en la manera en que se conciben los sistemas cognitivos. Invitan a mantener en memoria la distinción fundamental entre automatismo y conciencia, impulsando a los investigadores a cuestionar permanentemente los límites de sus creaciones.

En filosofía, el dualismo cartesiano alimenta aún los debates sobre la naturaleza del espíritu, el lugar del cuerpo y la complejidad de las interacciones hombre-máquina. Con la aparición de agentes inteligentes capaces de una imitación perfeccionada, esta distinción mantiene toda su pertinencia para interrogar qué es el pensamiento auténtico.

Cuadro comparativo: pensamiento humano vs máquinas según Descartes

Criterio Humano (pensamiento verdadero) Máquina (autómata)
Conciencia Presente, fundamento del pensamiento Ausente, sólo simulación
Razonamiento Adaptativo y creativo Fijo y determinista
Juicio moral Disponible, ligado a la experiencia Ausente, basado en reglas
Reflexión interior Autorreflexiva y crítica Imposible, función puramente mecánica
Capacidad de aprendizaje Por experiencia e intuición Programa definido por el hombre

El futuro de las máquinas pensantes: ¿una utopía o un desafío a replantear?

Mientras la inteligencia artificial sigue evolucionando a una velocidad vertiginosa en 2026, el sueño de una máquina verdaderamente pensante sigue siendo para muchos un mito persistente. El pensamiento de Descartes invita a la prudencia, recordando que inteligencia técnica no significa conciencia ni subjetividad.

Los avances en redes neuronales, modelos generativos y deep learning empujan los límites de lo que pueden lograr las máquinas. Sin embargo, estas tecnologías siempre se basan en modelos estadísticos e instrucciones humanas, sin que surja una conciencia autónoma.

Este diagnóstico invita a considerar el pensamiento como una experiencia humana singular, inseparable de una vida interior dinámica. Para los investigadores, se trata menos de reproducir una conciencia que de desarrollar herramientas capaces de complementar la reflexión humana, sin jamás reemplazarla.

Principales desafíos para la creación de una máquina «pensante»

  1. La conciencia subjetiva: ¿cómo integrar una experiencia vivida en un sistema?
  2. La autonomía real: superar el marco programado para una libertad de acción.
  3. El juicio ético: dotar a la máquina de una capacidad moral auténtica.
  4. La creatividad independiente: permitir la invención de conceptos nuevos.
  5. La comprensión profunda: ir más allá de la simple manipulación de símbolos.
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¿Por qué Descartes pensaba que las máquinas no podían pensar?

Descartes estimaba que el pensamiento auténtico exige conciencia y reflexión interior, cualidades que las máquinas, como objetos mecánicos, no poseen.

¿Qué es el dualismo cartesiano?

El dualismo cartesiano es la distinción entre dos sustancias: la materia extendida (cuerpo) y el pensamiento inmaterial (alma), estableciendo que la conciencia no puede reducirse a un mecanismo físico.

¿Refuta la prueba de Turing la tesis de Descartes?

La prueba de Turing propone un criterio basado en la percepción externa del comportamiento inteligente, pero no considera la conciencia o subjetividad, elementos clave para Descartes.

¿Se puede decir que las IA modernas piensan realmente?

Las IA actuales simulan el pensamiento al procesar datos y generar respuestas coherentes, pero no poseen conciencia ni experiencia subjetiva real.

¿Cuáles son los principales obstáculos para crear una máquina consciente?

Los principales desafíos incluyen la integración de una conciencia subjetiva, la autonomía, el juicio moral, la creatividad verdadera y la comprensión profunda.

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