Vídeo : Este robot pulveriza un récord caminando 130 000 pasos sobre hielo a -11°C

Laetitia

febrero 4, 2026

Vídeo : Este robot pulveriza un récord caminando 130 000 pasos sobre hielo a -11°C

En un paisaje helado e implacable del noroeste chino, una hazaña tecnológica acaba de captar la atención mundial. Un robot humanoide, apodado G1, ha logrado un hito sin precedentes: superar los 130 000 pasos caminados sobre hielo a temperaturas cercanas a -11°C. Este récord, en la intersección de los avances en robótica y resistencia en terrenos extremos, desconcierta tanto como fascina. Más que una simple actuación, esta demostración abre nuevas posibilidades para el futuro de las máquinas autónomas en entornos hostiles, yendo mucho más allá de los laboratorios habituales.

La escena tiene lugar en la región de Altay, en Xinjiang, donde las condiciones climáticas ofrecen un marco casi extraterrestre, con temperaturas que pueden descender hasta -47,4 °C. Sin embargo, es precisamente en este entorno extremadamente riguroso donde el G1 se ha aventurado en una zona helada de más de 186 metros de largo y 100 metros de ancho, avanzando de manera completamente autónoma. El vídeo publicado por Unitree Robotics, el fabricante chino de este robot, inmortaliza esta hazaña rara y subraya la importancia de la navegación autónoma, la robustez mecánica y la adaptación a las restricciones climáticas en el desarrollo robótico del futuro.

Los desafíos técnicos de un robot que camina sobre hielo a temperaturas negativas extremas

Caminar sobre hielo es una prueba formidable, incluso para los humanos. Para un robot, este desafío se multiplica por la complejidad de los sistemas mecánicos y electrónicos implicados. La superficie resbaladiza, la inestabilidad de los apoyos y las estrictas exigencias térmicas impuestas por una temperatura de -11 °C exigen a la máquina un dominio excepcional de su postura y movimientos.

El G1 de Unitree Robotics ofrece un ejemplo fascinante de adaptación frente a estas restricciones. Su estructura incluye entre 23 y 43 motores de articulación, cada uno capaz de producir hasta 120 newton-metros de par, garantizando la potencia necesaria para mantener el equilibrio y avanzar a pesar de la resbaladicidad de la superficie. Las baterías, a menudo los primeros elementos en sufrir en tales condiciones, están particularmente protegidas gracias a una chaqueta aislante bien visible, así como a carcasas plásticas para asegurar las articulaciones.

Estas elecciones ilustran que, a pesar de la sofisticación de las tecnologías embarcadas, las soluciones pragmáticas y a veces simples siguen siendo indispensables para hacer frente a las condiciones extremas. De hecho, la mecánica fina debe sobrevivir al frío, que ralentiza y daña rápidamente los componentes sensibles. La temperatura representa por tanto no solo un factor que limita la resistencia del robot, sino también un obstáculo mayor para la fiabilidad a largo plazo.

El pilotaje autónomo también está sometido a una dura prueba. La navegación sobre superficie helada requiere algoritmos capaces de corregir en tiempo real la inestabilidad inducida por el hielo. Los sensores incorporados, en particular un sistema LiDAR 3D y una cámara de profundidad Intel RealSense, permiten al G1 cartografiar y anticipar el entorno para ajustar sus pasos con precisión. Este sistema se apoya en la red de localización china Beidou, que ofrece una precisión notable gracias a mediciones centimétricas, una ventaja decisiva para evitar deslizamientos.

Gracias a esta alianza entre mecánica, electrónica e inteligencia artificial avanzada, el robot supera una nueva etapa en cuanto a resistencia y estabilidad en terreno natural especialmente hostil. Esta hazaña abre perspectivas inéditas en cuanto a la utilización de robots en entornos de exploración helados, industriales o de rescate en zonas extremas.

Una actuación histórica: 130 000 pasos sobre hielo, lo que significa para la robótica

Los 130 000 pasos realizados por el G1 no son un simple número emblemático, sino que reflejan una innovación fundamental en robótica de resistencia. Esta marcha ininterrumpida no solo duró varias horas, sino que se desarrolló en condiciones climáticas y de terreno que hacen arduo cada avance.

Este número impresionante testimonia una resistencia mecánica y energética notable. El sistema de baterías, con una capacidad de 9 000 mAh, permitió una autonomía de dos horas a una velocidad máxima de 2 metros por segundo. Así, el robot no se limitó a un paso prudente, sino que pudo evolucionar a un ritmo sostenido, consolidando su posición de pionero en cuanto a fiabilidad a largo plazo.

Esta actuación marca una etapa crucial tras numerosos intentos históricos de unidades bípedas humanoides en terrenos difíciles. Mientras que algunos robots estaban limitados a entornos controlados, el G1 demuestra que la marcha autónoma prolongada sobre hielo a temperaturas negativas ya es una realidad. Este avance también resuena en el desarrollo de la robótica para tareas concretas, en la industria, la investigación científica o incluso la logística en zonas inaccesibles.

Otro aspecto clave es la validación en condiciones reales. El robot recorrió un trazado preciso sin asistencia directa, lo que muestra una madurez de los sistemas autónomos que permite una mayor responsabilidad de las máquinas en misiones de campo. El hecho de dibujar incluso un emblema de los Juegos Olímpicos de invierno durante la marcha subraya una estabilidad y una finura de control hasta entonces inigualadas.

A continuación, una tabla que resume los principales parámetros de este récord:

Parámetro Detalles
Número de pasos Más de 130 000
Temperatura ambiente Alrededor de -11 °C
Superficie recorrida 186 m x 100 m (zona helada)
Autonomía batería 2 horas (batería 9 000 mAh)
Velocidad máxima Hasta 2 m/s

Este dominio de la resistencia abre el camino a una nueva generación de robots capaces de trabajar en climas hostiles sin intervención humana constante.

El papel clave de la navegación autónoma por satélite en este récord de caminata sobre hielo

En el corazón de esta hazaña, la navegación autónoma no se limita a un simple pilotaje; constituye la base que permite al robot G1 adaptarse eficazmente a las condiciones resbaladizas y cambiantes de la superficie. Esta navegación se basa principalmente en el sistema de posicionamiento por satélite chino Beidou, conocido por su alta precisión, a menudo comparada con la del GPS con una exactitud centimétrica.

Utilizar Beidou permite al G1 mantenerse en un recorrido preciso, evitando obstáculos y correcciones bruscas que podrían comprometer su equilibrio. Los algoritmos de inteligencia artificial trabajan en sinergia con los datos satelitales y los sensores incorporados (LiDAR, cámaras) para analizar en tiempo real las condiciones del suelo y anticipar los ajustes necesarios en el ritmo y orientación de los pasos.

Este sistema de navegación autónoma va más allá de las simples aplicaciones industriales o logísticas habituales. En un entorno natural e inestable, resulta indispensable para garantizar la seguridad y la eficacia de la marcha robotizada. La danza sutil entre los impulsos calculados y la realidad cambiante del terreno marca la diferencia entre un fracaso inminente y una demostración tan espectacular como la observada.

Además, la capacidad de adaptar su trayectoria sin intervención humana directa es un argumento fuerte para futuras misiones de exploración, rescate o vigilancia en regiones aisladas o climáticamente extremas.

Un diseño robusto y una tecnología avanzada para un robot de entrada de gama notable

El G1 podría sorprender por su posicionamiento: presentado como un robot humanoide de entrada de gama desde su lanzamiento en mayo de 2024, combina sin embargo características técnicas avanzadas que le permiten rivalizar frente a máquinas mucho más costosas.

Mide alrededor de 127 cm para un peso de solo 35 kilogramos, y este robot integra una estructura flexible que utiliza una arquitectura motorizada que va de 23 a 43 motores según la configuración. Esta variación permite adaptar la potencia y precisión en función de las necesidades de la misión, una ventaja en términos de polivalencia.

Su caja de sensores es completa: el LiDAR 3D proporciona una cartografía tridimensional precisa en los alrededores, mientras que la cámara Intel RealSense asegura una percepción profunda. Los micrófonos con reducción de ruido optimizan la recepción de sonidos externos, ilustrando una voluntad de dotar al aparato con una sensibilidad multisensorial.

En términos de energía, la batería desmontable ofrece aproximadamente dos horas de autonomía a plena carga, lo que, combinado con un procesador de ocho núcleos de alto rendimiento, le confiere la capacidad de realizar tareas exigentes a largo plazo. Esta configuración técnica hace del G1 un robot multifuncional capaz de intervenir en zonas difíciles accesibles solo a pie.

La comercialización del G1 comienza a 99 000 RMB, es decir, aproximadamente 14 240 dólares, lo que lo hace accesible para empresas que buscan un modelo fiable y robusto sin alcanzar los presupuestos astronómicos de robots humanoides de alta gama. En 2025, Unitree Robotics ya revendicaba la entrega de más de 5 500 unidades, prueba de una fuerte adopción en el mercado.

Una resistencia excepcional demostrada por un robot humanoide en condiciones extremas

La capacidad de mantener una marcha continua sobre hielo durante varias horas a una temperatura de -11°C ilustra un avance mayor en la resistencia de los robots humanoides. Esta actuación va mucho más allá de las demostraciones clásicas en laboratorio y se acerca a condiciones operacionales reales.

El frío representa un desafío importante, poniendo a prueba la electrónica y los motores. Habitualmente, las baterías pierden rápidamente capacidad y los materiales mecánicos pueden volverse frágiles. Sin embargo, el G1 ha superado estos obstáculos gracias a un diseño pensado que integra un aislante térmico y protecciones específicas.

Esta resistencia también responde a una necesidad creciente: cada vez más aplicaciones requieren robots capaces de operar en regiones polares, glaciares o zonas de accidentes donde la presencia humana es difícil o incluso peligrosa. La autonomía energética y la robustez mecánica se convierten entonces en criterios prioritarios.

A continuación, una lista de las aplicaciones potenciales favorecidas por esta resistencia excepcional:

  • Exploración científica en regiones frías e inhóspitas
  • Intervenciones de emergencia en zonas nevadas o accidentadas
  • Patrullas y vigilancia ambiental en terrenos resbaladizos
  • Soporte logístico en industrias mineras o petrolíferas en entornos extremos
  • Pruebas y demostraciones tecnológicas para la investigación robótica avanzada

Estas posibilidades testimonian la importancia de invertir en la investigación y la durabilidad de los sistemas robotizados para hacer frente a los crecientes desafíos climáticos y naturales.

Unitree Robotics: un actor principal que desafía la competencia mediante la innovación climática

La demostración de marcha del G1 en el frío glacial ocurre en un contexto de intensa competencia mundial. Los fabricantes buscan constantemente mejorar la resistencia, la movilidad y la autonomía de sus robots humanoides. Otras empresas como Deep Robotics comunican sobre capacidades de hasta -20 °C con su modelo DR02, certificado IP66, pero Unitree empuja aún más los límites probando a temperaturas mucho más bajas, hasta -47,4 °C en algunas sesiones de prueba.

Este avance tecnológico no se limita al rendimiento bruto, sino que se inscribe en un enfoque pragmático y económico. Al mantener un umbral de entrada relativamente accesible, Unitree democratiza el acceso a tecnologías hasta ahora reservadas a máquinas muy especializadas o costosas.

Además, a través de este récord, Unitree envía un mensaje claro: la sostenibilidad ambiental se convierte en un criterio central en el desarrollo de robots humanoides. La capacidad de adaptarse a desviaciones térmicas extremas y a superficies resbaladizas es ahora un imperativo para conquistar nuevos mercados, especialmente los relacionados con los grandes fríos, la exploración polar o las aplicaciones militares y civiles.

Con más de 5 500 robots vendidos en 2025, la empresa china demuestra una dinámica comercial sólida y un reconocimiento internacional creciente. Esta trayectoria sugiere que otros récords de resistencia y adaptación podrían caer pronto, evidenciando una revolución permanente en la robótica.

Las implicaciones futuras de esta actuación robótica sobre hielo para la sociedad y la industria

Esta nueva etapa superada en el ámbito de los robots autónomos tiene consecuencias profundas en varios sectores. En primer lugar, podría transformar la manera en que se plantean las operaciones en ambientes extremos. Por ejemplo, el despliegue de robots capaces de caminar sobre hielo a muy baja temperatura podría revolucionar las misiones de rescate en regiones polares o montañosas.

En la industria, robots como el G1 pueden ayudar a inspeccionar infraestructuras expuestas a la congelación, a realizar mantenimientos en condiciones que los humanos no pueden soportar durante mucho tiempo, o incluso a transportar cargas en zonas donde la movilidad tradicional está comprometida.

Además, la investigación científica se beneficia directamente de estos avances, permitiendo la instalación y mantenimiento de equipos en zonas aisladas para la recolección de datos ambientales, climáticos o geológicos. Este robot también podría inspirar nuevas normas de fabricación, integrando la resiliencia térmica como un aspecto esencial.

Para entender mejor los retos ligados a esta tecnología emergente, aquí una síntesis de los principales beneficios esperados:

  • Aumento de la seguridad de las operaciones humanas en ambientes extremos
  • Extensión de las zonas accesibles a mediciones científicas e industriales
  • Optimización de costos gracias a una reducción de las intervenciones humanas directas
  • Fomento del desarrollo sostenible mediante el uso de robots económicos y resistentes
  • Aceleración de la innovación tecnológica mediante la aplicación en condiciones reales

Cada una de estas implicaciones refleja una mutación progresiva donde robots y humanos podrían colaborar más estrechamente, permitiendo superar los límites físicos de los ambientes explotables.

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